Mientras curioseaba en la sección Universitarios de El Norte, me encontré un artículo que profundiza en el gran tema de nuestro tiempo: el rol del huevón a la hora de hacer trabajos en equipo. El autor trata el asunto sin delicadeza pero en un tono bastante condescendiente, sobre todo al disfrazar este cáncer pedagógico con la metáfora-fábula de las abejas trabajadoras, los zánganos y la abeja reina {”mami, me picó una avispa!” / “hay hijita, a mí un obispo y no me quejo” }.

En el texto nunca se explicita la condena, por lo que realmente no se puede esperar una denuncia enérgica, drástica y a rajatabla en contra de los zánganos. Sin embargo, lo que sí causa ruido es el viejo truco de recurrir a expertos y así endosar opiniones personales a terceros; y para celebrar la irresponsabilidad, recurre en la primera cita textual a alguien que para colmo está ligado directamente a Comunicaciones del Tec:

Con 17 años de experiencia como catedrático, Max Maza, director del Departamento de Comunicación y Periodismo del Tec de Monterrey, señala que no todas las aportaciones a un equipo tienen que ser intelectuales y se necesita de quien haga el trabajo “sucio”. “Alguien tiene que adoptar el rol de mantenimiento: ir por la papas, mantener el ánimo o manejar el carro e ir por todos; es una especie de asistente de producción”. ¡Cínico!

Automáticamente me ataca un montón de remembranzas bajo este rubro, la mayoría de las cuales incluyen la clásica barra antecedida siempre por un enigmático “¿Qué creeeeeeeeeeees?“:

  • No arrancó el coche.
  • Me quedé dormido.
  • A mí nadie me avisó.
  • Se me olvidó la laptop.
  • Tengo otros tres trabajos en equipo.
  • No pude faltar a mi clase de salsa.
  • No me llegó su mensajito/email.
  • Se me olvidó la credencial y no pude sacar libros.
  • En internet no encontré nada (mediocre googleazo).
  • Estaba en misa y por eso apagué el celular.
  • Nombre, yo lo junto.
  • Los estuve esperando y nunca llegaron.