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Todos celebramos sus cuatro siglos de vida, pero todavía algunos advertimos con ligero escepticismo la presumida “universalidad” de la máxima obra de la literatura hispánica: Don Quijote de La Mancha. Empero, también estoy dentro de la gran mayoría que no lo ha terminado de leer; al menos me contuve de no comprar la tentadora edición especial que publicó Alfaguara para este año.
Ante esto, el fin de semana pasado, una de las principales casas productoras de teatro de la ciudad (vaya que hay bastantitas) abrió temporada con una estupenda adaptación y escenificación de la obra que ocupa esta intervención. Me sorprendió el trabajo que hicieron en los diálogos y los vestuarios; pero aún más sorprendido me vi cuando al salir, la mayoría del público portaba ya su Quixote en las manos. Imposible negar las ganas de acompañar al flaco manchego en su empresa caballerística…

No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. – Parte II, capítulo 74